La película de Ruben Östlund, (2017) es un buen ejercicio de humor corrosivo (del que no todos participan) pero mueve a la reflexión sobre la función del arte en el mudo contemporáneo, confrontando a la sociedad con sus propias contradicciones. Obtuvo la Palma de Oro en el último festival de Cannes y ha sido galardonada como la mejor película europea del año 2017.